domingo, 6 de junio de 2010

En Mi mayor

"´Modifica nuestros destinos, nuestras plagas acribilla: comienza por el tiempo´, te cantaban esos niños. ´Engendra, no importa dónde, la sustancia de nuestra suerte y nuestros deseos´, te ruegan. Llegada desde siempre, tú eres la que irá por dondequiera". A una razón, Arthur Rimbaud

Fijos, los ojos fijos y no hay nada. Como el que chupa clítoris con la lengua trabada, sintiendo el deber, escupiendo el olor hacia afuera, impacientando a la que es lamida que –siempre sabe y jamás se ha de culpar por tu horror- no ofrece placer detrás de su sabor.

Fijas, las manos fijas y nada. En la nada, nada más que salvación. Como el que besa hacia su campanilla y aprieta la nuca, sin falta, protagonizando dientes de ratón. Esos, fijos, tienen todo lo que la tierra salva pero que la inefable esencia rehúsa porque –sabe- prisma la dulce, traviesa y finalmente escurridiza juventud.

Fija, la pantalla fija y nada. Nada que ver, nada que hacer. Sólo esperar al derrumbe que siempre estará al llegar. Como al que no se le para porque -sabe- ¡sabe! que el laberinto que guarda dentro esa piel ajena le dejará abierta la salida que él se empecinará en cerrar.

Pero sin capullo, varón, sin capullo, savia, limón; derrame y golpes al canto, golpes de cuánto, sin tu capullo empujando, varón, enterrado, atravesando el cuerpo como si fuera una spatha, comandando la leche de vida -¡que es a ti a quien demanda!-, no habrá sucesión; no habrá más que risas todo al rededor.

jueves, 3 de junio de 2010

Y lo escribió ella

- Verdaderamente, usted no es tonta. En general, no me gustan las mujeres inteligentes: quizá porque no son bastante inteligentes; entonces quieren dar pruebas, hablan todo el tiempo y no comprenden nada. Lo que me impresionó la primera vez que la vi fue su manera de callar.

Los Mandarines, Simone de Beauvoir: mi nuevo gran libro preferido, en proceso y alza.

sábado, 29 de mayo de 2010

Lo lamento Gary

Soñé que Gary Coleman me pedía ayuda porque un perro le había estado apoyando el pito en el culo durante todo el día. Yo le decía: "Pero, hombre, si estás muerto, muerto", y veía que detrás de él aparecía un perro con manos humanas sosteniendo su pija colgante, flácida, blanquita, haciendo ese gesto siniestro que le encanta a los hombres-perros, ese: el de simular la hélice de un helicóptero que, claro, jamás levantaría ni una hormiga. En el sueño yo corría hasta mi cama para leer uno de los tantísimos libros de Ercole Lissardi: para masturbarme, concretamente, mientras pensaba en que iba a escribir un post que dijera que los libros eróticos sólo sirven para que las mujeres se masturben -los hombres no entran en el palo salvo,imagino, el que escribe erótica, que se debe matar a pajas para destrabar la inventiva-, lo cual tiene muchísimo sentido: es la masturbación perfecta para que la mente de las chicas se pierda entre las líneas de una historia sencilla y entonces se olvide de sus constantes y zas, acabe con la solapa entre las tetas.

Todo eso soñé y acá estoy, con la web de Clarín reloaded que me hizo recordar a Gary más o menos a mitad de página, recién levantada, con el termómetro marcando 38 incrustado en la axila y pip pip pip, las sábanas hasta el cuello y un té de frutos del bosque humeando olor a naturaleza concentrada sobre la mesa de luz, sin poder dejar de preguntarme qué diablos puedo hacer yo por el espectro de Gary Coleman.

viernes, 28 de mayo de 2010

Fumala

- Interpretate y existí.

- Sos una asesina intelectual.

jueves, 20 de mayo de 2010

Cumpliendo condena

- Creo que si sentiste ese amor que te desgarra, que desdibuja, que no puede ser vivido de otra forma que con intensidad; si te enamoraste con tu vida entera, con los dientes, los ojos, las broncas, toda tu ilusión, todo tu ánimo; si amaste y te animaste a dejar la piel ahí, entonces tendrás que cumplir la condena que puede ser o la soledad hasta el fin, o la búsqueda eterna hasta debajo de los muebles, adentro de los zapatos, o la conformidad a consciencia. A menos que seas un absoluto afortunado y te suceda otra vez. Todo lo demás, es cotillón.

- Ay, es que el amor es tan incómodo, Marina. Si no, mirá a esos que vienen ahí corriendo de la mano. Es lo más incomodo del mundo.

- Gran metáfora.

martes, 11 de mayo de 2010

Pero por favor, no mueras en mis brazos

Lo busqué y lo esperé. Y volvió. Como el viajero que llega hasta la casa de su madre, mordiendo barba, aplastando rastas de jean, irreconocible ante el recuerdo. Valiente, convencido de que lo abrazarán, de que alguien lo querrá; con la ilusión de ser, finalmente, visto después de su hazaña. Aplaudido al caminar, volvió combativo, erguido, de ese modo que había creado su fantasía tantas veces en la humedad de aquella habitación de hojas rotas y filtros de aire agudo. Volvió para quedarse y matar, con el ímpetu del orgullo que, aunque los años se empecinaron en troquelar, él guardó, como a nada, nada más. Y entendí, ¿qué queda más allá de la propia imagen, cuando el espejo envejece y da, solo -y solamente-, una papada estallada de pintas rojas de almidón? Así, volvió, y en su volver, volvió a sonreír un destello imperdonable, disfrazado de milagro. Se mintió, y lo hizo a conciencia: bien sabía él que los milagros son un riesgo; bien sabía ya que los que pierden son perdedores. Y esa, siempre, será su condición.

domingo, 25 de abril de 2010

Ya lo dijo Moliére en su Don Juan

DON JUAN. ¿O sea que, a tu modo de ver, habría que encadenarse para toda la vida al primer amor que nos cautivó, renunciando por él al mundo y cerrando los ojos a todo lo que nos rodea? Es una necedad el querer vanagloriarse del falso honor de la fidelidad, el sepultarse para siempre en la tumba de una pasión y el morir, en la flor de la juventud, para cuantas beldades puedan llamar a la puerta de nuestros ojos. ¡No, no y no! La constancia sólo es buena para gente ridícula. Todas las mujeres son dignas de gozar del mismo derecho a seducirnos, y la ventaja de llegar antes no es bastante para quitar a las demás las justas pretensiones que tienen todas sobre nuestro corazón. De mí he de decir que me arrebata la belleza dondequiera que la vea y me rindo fácilmente a esa tierna violencia con que nos arrastra. Y aunque tenga empeñada mi palabra, el amor que siento por una no puede obligarme a ser injusto con las demás: me quedan los ojos para ver los méritos de todas, y a cada cual rindo los honores y pago los tributos que exige la naturaleza de nosotros. En ningún caso puedo negar mi corazón a cuantas bellezas se me presentan, y, si me lo pide un lindo rostro, le daría diez mil si los tuviera. Una pasión, cuando nace, tiene un hechizo inexplicable, y todo el placer del amor está en la variación. Se goza un deleite extremo conquistando con cien halagos el corazón de una joven beldad, viendo el terreno que se va ganando día a día, reduciendo con arrobos, lágrimas y suspiros el inocente recato de un alma, a la que duele rendir las armas, dominando poco a poco los frágiles impedimentos que opone, venciendo los escrúpulos con que pretende honrarse y llevándola pasito a paso hacia donde queremos que vaya al fin. Pero una vez dueños de ella, ya no queda nada que decir ni que desear; acabó lo más hermoso de la pasión y nos adormecemos en la inmovilidad de tal amor, si no viene otra presa a despertar nuestros deseos, ofreciéndonos el aliciente de iniciar una nueva conquista. En resumen, no hay cosa más grata que vencer la resistencia de una mujer hermosa, y, en este aspecto, poseo la ambición de los conquistadores, que corren perpetuamente de victoria en victoria, incapaces de poner límites a sus deseos. Nada puede detener el ímpetu de los míos; tengo un corazón capaz de amar a la tierra entera, y quisiera, como Alejandro, que existiesen más mundos, para llevar hasta ellos mis amorosas conquistas.

Y este tema, que me encanta, y que tiene que ver un poco con este afán de las relaciones que insisten en seguir, cuando ya no queda nada. Porque sí, porque no.

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