jueves, 14 de noviembre de 2013

Renuncio Madafaka


Mi trabajo es generar contenidos. Los pienso, les doy forma y los comunico. Soy la mediadora, el nexo entre los medios de comunicación -los masivos y los mas pequeños- y la marca que me contrata. Nada del otro mundo, sigo reglas, tengo un oficio. Y no puedo ni quiero negarlo, me gusta lo que hago y me da cierto placer ver cómo una acción que nació como una idea virgen es llevada a acción y luego se publica, se vuelve algo real, algo que ocupa un espacio y que tiene un valor. Pero si me gusta lo que hago es porque mi intención de significar en el mundo sobrevive en mí desde chica, lo cual es el yin del yang de  saber que, acaso, a ese significado olvidé responderle el para qué. 

Y no digo para qué en cuanto a mí. Digo para qué sirve lo que hago. Hablo en el mundo, en esta sociedad o en la que sea. Y no, por favor, no digamos que contribuyo al crecimiento de la imagen de marcas que así se hacen más grandes y generan más puestos de trabajo. Esto está bien y gracias al espiritu de mi abuelo que sucede. Tengo plena consciencia de que el mercado de la moda para el que sirvo mueve millones, billones de dólares en el mundo y genera que la rueda gire. Sin embargo no me consuela, no me vuelve responsable sino que me convierte en culpable. Porque entiendo que hay algo mas grande que nosotros que nos rodea y que nos agrupa, que está ahí. No lo vemos? 

Vamos, tenemos que estar viendo lo que está pasando. Esa forma cruel en la que todos queremos ser el mismo modelo de pertenencia y sufrimos, sufrimos como unas plantas fuera de su habitat porque somos distintos por azar y por naturaleza. Nuestras infancias no se parecen, nuestras familias no se parecen, nuestras posibilidades, vacaciones, incluso lo que comimos no se parece en nada. Ustedes comían pan con osobuco y galletitas de agua con roquefort mezclado con manteca para que rinda más? Bueno, algunos sí lo hicimos.

El asunto, amigos, es que todo eso que fuimos pasando para crecer, lo que nos tocó ver por azar y pudimos entender por naturaleza para llegar hoy a hacer lo que sea que estemos haciendo nos tuvo que haber dado un punto de vista y es acá, demonios, acá es donde digo: lloremos, velémoslo porque todo parce indicar que el punto de vista murió. No queremos ser únicos, no queremos ser diferentes, no queremos procesar lo que nos llega y conformar nuestra propia Matrix. No queremos tomarnos el tiempo. No queremos pensar. Solo queremos pertenecer, ser como el otro.

Hago contenido, muestro el contenido, se habla del contenido y “los consumidores” repiten el contenido. Enlatado. Manoseado. Despersonalizado. Y ahí vamos, zombies, repitiendo para querer ser, porque si tengo un Iphone lo puedo poner sobre la mesa y, dale, seguís teniendo Blckaberry? Ja, ja. Como cuando adolescentes, amigos, y la pasabamos tan bien en la previa y peleabamos por el mismo chico, el popular, así estamos: inflando el valor de lo que otros ya antes dijeron que era valioso, tal vez sin siquiera saber por qué.

Entonces el reproche tiene que ver con los roles. Nos preguntamos si existe Tinelli porque la gente necesita a Tinelli o si la gente quiere a Tinelli porque es lo que hay. Del mismo modo, genero contenidos en los que creo?  Quienes muestran este contenido, lo ven realmente valioso? Lo personalizan? Le agregan un punto de vista?

Cómo saber? Tal vez mi consuelo sea pensar contenidos a los que les digan que no, aunque un precioso grupo de blogueras lo haya instagrameado, replicado... olvidado, mientras todo el resto de la existencia lo compra, lo quiere, lo necesita (?). 

sábado, 12 de octubre de 2013

Días de hormonas

Están esos días que mejor escondernos. Esos pensamientos que mejor guardar. Esas lágrimas que tenemos que sacar en la soledad de nuestra habitación o dejar en el frasco de café. Golpeo la mesa en esos ratos en los que no merezco ser ni amada ni escuchada por mi, y sin embargo aclamo a todos los demás. Esa triste constante elocuente voz que murmura cansancios e injusticia, que recuerda el pasado y nos victimiza ante el presente. Son días que quieren vernos morir. Y el dolor está siempre al alcance, siempre hay motivos, tenemos patetismo. Esos días en que el silencio no existe. Están esos días en que ni un libro ni una amiga ni un baile. Esos días del mes que simplemente hay que dejar pasar hasta que el proceso hormonal gire otra vez.

viernes, 10 de mayo de 2013

30 años es mucho

Escribí desde una playa en Brasil en la que ya no estoy. Apoyado mi cuaderno en la cabeza de una matera vacía, viví la nostalgia que propone la anticipación del pensamiento, eso que casi siempre sucede con el pensar. Hoy estoy en Buenos Aires. En el mismo lugar de Buenos Aires. Con los mismos recuerdos, iguales amigos, pero con un año más, que no es un año igual para mí. Escribo desde la soledad en la que existimos, todos, a pesar de que al lado mío toma sol alguien que me ama; a pesar de que hoy duerme conmigo alguien que me elige. Y sin embargo nadie conoce nuestros pensamentos, ni siquiera nosotros, tal vez ni siquiera los más superficiales puesto que somos la interpretación. Escribo -vivo- desde la nostalgia constante de ver el tiempo pasar, mi vida transcurrir y a los espejos del destino mostrar que ante lo inevitable, sucumben nuestras batallas. Hoy cumplo 30 años y con todo aquello, quiero agradecer. No sé a quién. Tal vez al Universo, quiza deba ser a mi mamá. Como sea: gracias. Sobre todo gracias, demonios! por tanto sufrimiento y tanta alegría puesta a caudal. Gracias por enseñarme que la moneda tiene una cara y otra, escondida, y que aquello que parece contradicción, es en verdad la razón. Soy fuerte y soy sensible ante el gesto. Aprendí a aceptar que la injusticia subyace al mundo, y que el breve espacio de rebeldía nos hace verdaderos héroes. Gracias por dejarme elegir. Gracias por enseñarme a darle valor a los amigos. Porque gracias a eso, tengo hoy los compañeros que me salvan la existencia cada vez que no la encuentro, y que están del otro lado de mis ojos compartiendo mis euforias. Gracias por hacer de mí alguien capaz de amar con dolor. Gracias por las huellas y el viento en la cara. Por las arrugas debajo de mis ojos, los oyuelos en la piel. Gracias por todas las vidas que transcurrieron en estos 30 años. Por lo que dejé en otros que dejaron en mí y por aquellos a los que les di, y hoy ya no existen ni siquiera en mi memoria. Gracias por darme como madre a la mujer más hermosa del mundo y hacer equilibrio con el padre más ausente. Gracias por no regalarme ninguno de mis bienes personales. Gracias por cada caída. Por enseñarme a amar la palabra. Por la sonrisa hasta en los pies. Por enseñarme que la ganancia muchas veces es silenciosa, que no se ve. Gracias por darme un trabajo que trascendió incluso mis sueños. Gracias por cada hombre, por cada amigo, por cada jefe, por cada bronca, cada viaje, por el tiempo que pareció perdido y por lo que sea que haya del otro lado de estos 30 años. Como sea, gracias a la vida, que me dio tanto. 

jueves, 20 de diciembre de 2012

2012


Quiero entregarle el año a una ola para que a su vuelta rompan en mis pies las respuestas a tantos por qué.  Después de tanto, tiene que haber un por qué. Al menos una intención de por qué. Aunque sea el motivo causal. Quiero ir a pedirle al océano que se lleve mis palabras mareadas y me traiga de vuelta la luz de una idea. Quiero que el dolor se transforme. Quiero que en la espalda de lo que parece injusto haya una razón. Y quisiera también que nadie al rededor mío pase tristezas ni soledades, que nadie mienta, que nadie se esconda, que todos perdonemos y aceptemos, que no nos juzguemos, que sepamos que somos lo mejor que podemos... que pudimos; que nos abracemos más y nos critiquemos menos. Quisiera que el dolor que pude provocar se cure magicamente y quisiera tener un papa feliz, que me enseñe a ser feliz. Tal vez haya deseos que no se cumplan. Pero al menos me alivia saber que después de 2012 no va a haber otro 2012 jamás. Me alivia saber que después de 2012, ya nunca más seré la que fui.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Podría


Podría llorar todos los días. Tengo motivos personales, incluso sociales.
Podría hablar con algunas miserias que hice melancolía y otras mentiras que olvidé.
Pordía realmente quedarme tirada sobre mi cama, durmiendo y desesperada, como tantas noches.
Podría no comer y echarme a morir, aunque seguro no encontraría liberación sino hambre y debilidad.
Podría decir que este mundo está aplastado contra su espejismo, reír siniestramente y recordar a cada uno de los hombres que no me vio venir.
Podría ejercer mi razón sobre mi pasión y tal vez ahí sí se acabaría.
Podría no tatuarme más y dejar que mi cuerpo mute a su albedrío. 
Podría esperar y morir desesperada.
Podría contarles a todos ustedes cuántas fueron las veces que ví a hombres y mujeres no acordar con sus deseos, no elegir sobre su destino, y darles la noticia de que son estos los seres que sostienen la sociedad.
Podría contarle también a algunas mujeres cuántos de los que creen sus hombres me amaron a sus espaldas, mientras a sus frentes, mientras a sus frentes...
Podría no creer. No confiar. Podría no escribir.
Podría decir que todo cuanto decimos no es otra cosa que la búsqueda de excusas para aliviar la existencia.
Podría.
Pero por suerte decido yo.  

domingo, 5 de agosto de 2012

Redondo


De la primera forma que entra un hombre en la vida de una mujer es irresponsable. Y la mujer lo acepta porque necesita que suceda. Y el hombre le dice te amo porque no contempla la existencia del futuro. Y la mujer lo ama porque él la ama, y porque contempla la existencia del futuro. Y el hombre un día no puede amar más. Y la mujer se queda con la construcción, las ilusiones, las maravillas de lo posible aplastándole las tetas hasta la base de su espalda. 

lunes, 7 de mayo de 2012

Flow

Otra vez se acerca mi cumpleaños y otra vez tengo el lagrimal trabajando durísimo. Creo que quiere competir en fisicoculturismo. Atajen esta: lloré con las declaraciones de Rial que habló de amor y de estar vivo y de la voz de su papá. Qué se yo. Tengo sentimientos todavía y a veces recuerdo con nostalgia ese momento de mi vida en que barría las hojas del barrio con la rueda de mi bici para tocarle el timbre a Ludmila, la hermosa princesa salvadora, Ludmila, y le gritaba, apoyando un pie sobre la reja para no caer, sentada en el asiento roto de la bicicleta: “Vamos al río que tengo que contarle algunas desgracias”. Qué se yo. A veces todavía quisiera no saber qué significa flow ni cheque ni top of mind ni on goin’ ni asap. Ni asap. Es que cuando leo asap, corro. Corro como si en verdad hubiera algún lugar digno para llegar. Como si la dignidad acaso existiera. Corro como si un banderillero me esperara. Como si alguien esperara en verdad algo de mí, por nada. Corro como si tuviera que ser la primera en morir. Eso les conté? Ah, sí, fantaseo con ser la primera de mis amigas en morir. Me gustaría allanarles el camino y recibirlas tal vez con una torta de nuez como la que hace mi vieja para mis cumpleaños o tal vez con un vino y contarles lo bien que se la pasa, aunque se la pase como el orto. Para amortizarlas, si acaso llega a hacer falta. Ya aprendimos que, total, después y con justicia autónoma, cada uno construye su verdad, que es intransferible y te garcha cuando quiere. La violación está contemplada, señores. Entonces escuchaba a Rial que hablaba algo así como que se había dado cuenta que era un infeliz y yo me pregunté si era tal cosa. Recordé que no creo en la felicidad como concepto pero me animé a asumir que en verdad sí creo, que digo que no porque alguna vez lo leí o porque me lo dijeron y ahora que voy a cumplir 29 años, que pienso que es una bocha, pido un deseo y es creer. Al menos en Rial, qué se yo. Al menos en que hay que hacer cosas hermosas, para vivir una vida hermosa.