¿Cuántas cosas te estremecen? ¿Lo pensaste? ¿Sacaste el número y lo enfrentaste a lo que no te desborda ni un hipo, ni mu? Ok. ¿Y qué hacés con eso? ¿Lo dejás en el closet de tu intimidad silenciosa? ¿Hablás? No, no, a los otros no. A vos, digo. ¿Vas al espejo y asumís ok, esto me estremece hasta las uñas de los pies y sonreís entibiando los dientes con tu voz que canta: estoy viva? Apuesto a que un poco no; apuesto a que pasás unos segundos silbando de coté. Rascando la cabeza, yendo a trabajar, empujando los días hasta el fin de semana que dale que va. Y ojo, eh, está clarísimo, la piel de gallina da frío. Pero, ¿sabés? Más frío debe haber ahí, en la muerte, que te puede respirar con moco flojo la nuca mientras vos te manducas sin drama un kilo de pochoclos viendo un peliculón. Que, claro está, inventó alguien más.
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domingo, 30 de agosto de 2009
lunes, 10 de agosto de 2009
Perspectiva
Se soltó la pelada. Así como te digo, se le soltó la pelada y quedó como en bolas, ridiculizado. En su cara se notaba que no lo soportaba o que estaba a punto de no soportarlo más. Pero al final todo se soporta, menos los suicidas. Uno debiera recordar esto cada vez que ve bien cerca de su ventana el fin del mundo. Y te digo más, uno debería poner las manos como si fuera a juntar agua de un lago, abrir las palmas y apoyar la cara sobre los índices estirados, ahí, bien cerca, encima de la ventana. Y mirar. Sólo mirá, pelado y vas a ver. Vas a ver que está la luna, que están los árboles, y que un hombre algo mayor pasea a su perro mientras escucha a los Beatles por mp3. Qué otra evidencia necesitás. Pero no, el tipo todo colorado andaba. Pensando que era el protagonista de una novela. Y sólo porque se le soltó la pelada.
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